lunes, 15 de diciembre de 2014

2014

Recuerdo que hace unos años tenia la costumbre de hacer un repaso de todo lo que me había ocurrido durante un año, sólo que como yo era especial (y lo sigo siendo) no lo hacía en Navidad, sino en Halloween. No porque me guste Halloween, sino porque solíamos hacer una pequeña quedada en ese día para comer cosas de gorda y jugar a la videoconsola. Eso lo convertía en un día especial.

Después perdí esa costumbre por diversas razones, pero ahora ha regresado esa melancolía de ponerme a recordar.

El año empezó bien, estresante pero bien. Las tres primeras semanas del 2014 fueron de un estudio intensivo para unas oposiciones que, realmente, no sirvieron de nada. Un agobio que no funcionó, unos kilos menos y un dinero absurdo que me gasté. A partir de entonces me di cuenta que debería prepararme esos exámenes con mucha más calma y tiempo, al menos para conseguir aprobar. Y por supuesto, no apuntarse a una academia cuando sólo faltan tres meses para el examen. Está claro que de todo se aprende en esta vida.

A partir de entonces, las cosas fueron muchísimo mejor. Sinceramente, no podría haber pedido más. Hice una gran amistad con cuatro de mis compañeros de curso, sobre todo con uno de ellos, el cual me trata casi como si fuera su hija, y también con mi profesor, que más que tratarme como a una alumna, me trata como a una compañera de profesión. Con ellos he compartido mil risas, cientos de cervezas, cafés y muchas anécdotas.

Por supuesto, también tenía (y tengo) a mis amigos de toda la vida. A los de siempre y a otros con los que he empezado a retomar contacto después de casi dos años sin dirigirnos palabra. Los errores están para corregirlos y yo era consciente de que la que estaba equivocada era yo. Solo necesitaba un poco de coraje y plantarle cara a mis miedos. Y lo conseguí, aunque quizás demasiado tarde.

Aquí es cuando tengo que dar las gracias a la tecnología y a las redes sociales. Es cierto que no siempre son buenas compañeras y que en exceso se convierten más en una molestia que en una aliada. Pero creo que de momento he sabido manejar bien la situación, sin sobrepasarme, y ellas me han regalado grandes momentos que nunca olvidaré. Al igual que también me han permitido conocer a personas que, si bien aún no las he visto en persona, son ya parte de mi vida.

Le debo mucho al twitter, sobre todo a la cuenta fake, ya que a raíz de éste hice grandes amistades. Muchas de ellas aún perduran e incluso son mejores. Otras han caído un poco en el olvido, pero siempre que nos hablamos vuelven esa confianza mutua y esas conversaciones eternas.

Y así llegó el mes de febrero, con la inauguración de un club donde cinco locas se ríen de todo. De nuevo mil risas y mil anécdotas. Debo destacar la noche de los Oscars (en la vida me lo había pasado tan bien mientras veía esa ceremonia) y, por supuesto, el otro club, el de MasterChef, donde ya creamos un nuevo idioma en el que solo nosotras nos entendíamos a la perfección.

Curiosamente estas tonterías nos han ayudado mucho más que una sesión de psicología intensa. Dos de ellas habían sufrido la misma pérdida familiar (una incluso muy reciente) y entonces me tocó el turno a mí, justo después de mi vigésimo quinto cumpleaños. Quizás fuera el momento justo para él, quizás fue mejor así,... Solo sé que yo me considero aún muy joven como para haberlo perdido ya para siempre. Ya no tengo al señor cabezón y sobre protector que se cabreaba cuando llegaba "tarde" a casa (a pesar de que yo siempre he sido una santa en ese aspecto). Es curioso cómo incluso llegas a echar de menos los defectos de las personas a las que quieres. Creo sinceramente que, cuando eso ocurre, es porque realmente amas a esa persona.

Pero también lo pienso y me digo a mí misma: "Podría haber sido peor, al menos has disfrutado veinticinco años a su lado".
Por increíble que parezca, estos sucesos también traen consigo cosas muy buenas. Mi familia ahora está más unida que nunca. Una de mis cuñadas, con la que apenas tenía confianza, es ahora una amiga más. Algunas de mis primas son ahora mis hermanas. Personas que jamás creí que se acordarían de mí, me acompañaron y me animaron con cientos de mensajes (y con esto no me refiero a esos pésames que se hacen sólo por obligación). Sentimientos que creía olvidados volvieron a resurgir de repente. E incluso le perdí el miedo a conducir. Quizás sea porque ahora no está él para echarme la bronca.

Lo malo de tanta familia es que a veces se aprovechan demasiado de ti, y ya más que tener cinco sobrinos parece que tengo cinco hijos. De hecho algún que otro profesor de mi colegio me ha visto por la calle con los tres hijos de mi hermano y se han quedado con cara de WTF! Pero supongo que en un futuro no muy lejano agradeceré haber vivido estos años junto a ellos.

También debo hacer hincapié en las series que he visto. ¿Qué os creíais, que sólo el afecto de los demás es bueno? ¡Ser seriéfilo es lo mejor del mundo! Y tener con quién comentarlo aún mejor. Ha sido el año dónde volví a ver Digimon, mi serie de la infancia, dónde me enganché como una enana a la saga de Fate/State, y dónde descubrí el que hasta ahora es mi anime favorito, Shingeki no Kyojin. Está claro que las recomendaciones de mis frikis son infinitamente buenas. Tengo que hacerles más caso a partir de ahora.

El rol de anime con Fairy Tail ha sido increíblemente bueno a pesar de hacerlo desde la misma cuenta personal de twitter. A veces me siento tan Titania que no puedo evitarlo.

Además fue el año de Outlander y Reign (una muy buena, la otra horrorosa) donde nos volvimos a juntar las cinco locas de turno. El año de Orgullo y Prejuicio, Jane Eyre y Norte y Sur. El año de Sherlock (olé por Cumberbatch, todo un crack), de Vikings (ay Rollo, que estás como un toro) y el de Robin Hood (Richal, cántame al oído). Y también está siendo el año de X-Men (Fassbender, qué bueno estás) Los Juegos del Hambre (Finnick, te quiero), Exodus (Christian, qué guapo eres) y El Hobbit (Richal, cántame otra vez). En definitiva, un año de mucho fangirleo y mucho vicio.

A este año sólo le han faltado dos cosas. La primera es que aún no he conseguido trabajo y lo necesito cuanto antes. Y la segunda es un sueño que tengo y que por tanto no puedo revelar. Si lo hiciera, no se cumpliría ;)

Por el momento, Titania/Elora se va despidiendo de este año al que tan poco tiempo le queda, y os desea a todos unas felices fiestas.

Kanpai!

2 comentarios:

  1. Me ha emocionado mucho tu entrada, por lo que cuentas y cómo lo cuentas. También por formar parte de este 2014 y haber contribuido a que fuera un poco menos duro. Un honor formar parte de tu vida. Muchos besos.

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    1. Me alegro que te haya gustado.
      Este año ha tenido muchas cosas buenas, no hay que centrarse sólo en las malas, y es lo que he querido transmitir ^^ Besotes!

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