miércoles, 10 de septiembre de 2014

El culín del café

He decidido crear una nueva etiqueta para este blog y es que, hace unos días, fui consciente de que mi estupenda memoria está empezando a fallar en ciertas cosas (no en el sentido estricto, no tengo Alzheimer). Así que qué mejor que escribir por aquí ciertos asuntos que tanto me perturban para que luego no los olvide.

El tema trata de una lista que creé hace unos años. Dicha lista es bastante simple, ya que consiste en hechos que jamás lograré entender de la humanidad.

Hasta ahora solo eran tres hechos principales, pero el otro día comprobé que existía un cuarto dato del que todavía no me había percatado. Por desgracia lo he olvidado, así que no podré escribir sobre ello hasta que lo vuelva a recordar.

Pero bueno, empecemos con uno de estos hechos que yo jamás lograré comprender. El famoso culín del café.



No es nada raro ir a una cafetería y ver como muchas de las personajes dejan un poco de café en la taza. Es comprensible porque puede haber posos de café al final de la taza. Aún así, yo siempre apuro el café hasta el final, no hay que ser muy lumbreras para ver si hay posos o no en la taza. Pero bueno, en el caso de una cafetería, puedo entender que las personas dejen ese famoso culín. Por si las flies.

Pero, ¿y en casa?

En mi familia somos muy dados a beber café, mínimo dos al día: uno para desayunar y otro por la tarde. Cada uno tiene sus gustos. A mi hermana S (la idea de las iniciales la tomo prestada del marido de Athena, jaja) le gusta como a mi padre, solo y con hielo. A mi madre le gusta con leche y ardiendo (no sé cómo lo soporta y más en verano), mientras que a mis hermanos M y m les gusta como a mí, con leche y a una temperatura estándar.

Por desgracia mis horarios de trabajo nunca han coincidido mucho con los de mi hermano m, pero en cierto momento dio la casualidad de que teníamos que despertarnos a la misma hora, y por tanto desayunábamos juntos. Fue cuando me di cuenta de que él dejaba siempre un culín de café en el vaso. Aquello me sorprendió. ¿Por qué dejaba eso ahí? ¡Qué desperdicio de café! Es sumamente difícil que haya posos de café en la taza que te acabas de servir, ¡como mucho habrá en la cafetera!


Yo, que soy una mente activa (aunque no lo parezca), tengo que saber el porqué de casi todo. Así que le pregunté por qué dejaba ese café ahí. Él empezó a reírse pero no supo contestarme. Y hasta ahora no ha sido capaz de hacerlo. Actualmente, siempre que nos tomamos un café juntos, soy yo la que se termina de beber su taza. Sinceramente, soy incapaz de ver que se va a desperdiciar algo de café. Me lo tengo que beber, aunque él le eche azúcar y yo no.

Aquí no queda la cosa. La mujer de mi hermano M también es dada a dejar el famoso culín en la taza... bueno, más que culín yo diría que deja medio vaso. El problema es que los niños, como ven que su madre hace eso, la imitan. Es decir, que cuando toca el café de la tarde y estamos todos juntos, puedo encontrarme perfectamente con una taza de café completa si junto el culín de todos, así que al final me termino bebiendo dos tazas.

En fin, nunca lo entenderé. Pero, sea como sea, disfruten siempre de este elixir, cafeteros.


2 comentarios:

  1. Vamos a ver, porque esto es una cosa que hay que dejar clara: el café se bebe hasta el final. Y el final es hasta que el vaso se queda vacío! Qué es eso de dejarse el culín? El culín de sidra es el que se deja, no el de café. Yo apuro hasta el final. Además, me gusta dejarme un sobrito final siempre para dusfrutarlo. Señores camareros, no me quiten la taza cuando me queda el culín, que eso se bebe! Tienes toda la razón del mundo, nena!
    Besotes!!

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    1. Para mí es un crimen dejar algo de café, es absurdo. Además, cuando hay posos se ven PERFECTAMENTE. En fin, manías raras que no comprendo.

      A mí cuando un camarero se me acerca cojo la taza corriendo no sea que me la vengan a quitar, jajaja.

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